Carne que sueña

Somos bultos de carne que sueña. 
No, no somos bultos de carne soñadores, es la carne propia la que sueña, la accidental interacción de los átomos que azarosamente viajan a través de la inmensidad. Un sueño del que nosotros somos un residuo, una escoria, una consecuencia indeseada que se apropia del sueño y después piensa que proviene de sí. 

No somos bultos soñadores de carne, es la carne misma que sueña y nosotros creemos tener la facultad de hacerlo, sin darnos cuenta que somos solo plexos cárnicos a merced de las mareas de lo eterno que en el intermedio camino entre la existencia y la extinción, dan a luz extraños fenómenos.

El sueño de la carne produce consciencia


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